A los informáticos les preguntan por el ordenador. A los médicos, por el dolor de espalda en mitad de una boda. A los que trabajamos en energía nos llega la factura de la luz por WhatsApp: en foto, cortada por la mitad y a las once de la noche.
Si eres ingeniero sabes de qué hablo, da igual tu rama. Un día pasaste a ser «tú, que entiendes de esto», y desde entonces toda la familia tiene tarifa plana de consultas. El mensaje es siempre uno de estos tres:
«¿Esto está bien?» «Me han ofrecido una tarifa indexada, ¿me cambio?» «Quiero poner placas, ¿cuántas?»
Y aquí viene el problema, que el ordenador no tiene: responder bien esas preguntas son dos horas. Bajar su consumo horario de Datadis, montar la hoja de cálculo, cruzar las ofertas vigentes, mirar el contrato. Dos horas que, por supuesto, no se cobran: al cuñado no se le factura. Responder mal es un minuto y una opinión de barra de bar.
He hecho las dos cosas. Una me deja dormir mejor, pero se estaba comiendo mis fines de semana.
Y en algún momento la pregunta dejó de ser «cómo me quito esto de encima». Pasó a ser otra: ¿cómo consigo que la gente a la que quiero tenga la respuesta buena, la de las dos horas, sin que me cueste los fines de semana?
La respuesta era evidente: automatizando las dos horas. Lo que no se puede automatizar es que te importe la persona; el cálculo, sí.
Así que lo he puesto en una plataforma: ainicia particulares. Yo vivo de otra cosa: llevo veinticinco años haciendo planes energéticos a cinco y diez años para empresas, qué instalaciones sustituir y cuándo, qué proyectos acometer, cómo gestionar mejor lo que ya tienen. Y en esos planes, lo primero que hacemos siempre, antes de invertir un euro en nada, es optimizar tarifas y potencias. Para ese trabajo tengo plataforma propia, y esa no está abierta ni lo va a estar: es mi herramienta de trabajo. Lo que he abierto es la versión para viviendas, esa primera parte, la que no requiere obra ni inversión, al alcance de cualquiera. De esto no me llevo ni comisión de comercializadoras ni margen de instaladores; lo he abierto porque me sale más barato que seguir respondiendo WhatsApps. Y de paso, tu familia deja de depender de que el ingeniero de la casa tenga el fin de semana libre.
La herramienta está en particulares.ainiciaenergia.com y esto es lo que hace.
De dónde saca los datos
De tu contador, no de una estimación.
Los comparadores al uso cogen tu consumo anual, lo reparten según un perfil medio inventado y multiplican por el precio de cada oferta. Es una aproximación razonable para una casa media, y una mala aproximación para todas las demás: dos viviendas con el mismo consumo anual y horarios distintos necesitan tarifas distintas.
Tu contador es telegestionado y registra lo que consumes hora a hora. Esos datos son tuyos y son gratuitos: están en Datadis, el portal oficial de las distribuidoras. Son 8.760 registros al año por vivienda, y con ellos no hay que suponer nada.
Darse de alta lleva unos minutos y no hace falta buscar el CUPS ni ningún número raro del contrato: con tu DNI aparecen todos tus suministros. Con certificado digital el acceso es inmediato; sin él, una foto del DNI y un día de espera. Dentro de la plataforma hay una guía paso a paso.
Si no quieres pasar por ahí todavía, con subir una factura ya sale algo. Pero conviene decirlo claro: con la factura se estima, con Datadis se sabe.
Qué te dice, en orden
1. Cuánta potencia te sobra — y hasta dónde no bajar
La potencia contratada es la parte de la factura que pagas los 365 días del año, enciendas la luz o no. Casi todo el mundo tiene de más, porque se fijó al dar de alta el suministro con el criterio de que más vale que sobre.
La plataforma coge tu pico real de los últimos doce meses —el que registró el contador, no el que crees tener— y calcula qué potencia te sale a cuenta. Con una precisión que hasta hace poco no existía: desde que los contadores son telegestionados se puede contratar en múltiplos de 0,1 kW hasta 15 kW, así que ya no hay que elegir entre 3,45 y 4,6.
Y calcula lo contrario, que es lo que casi nadie mira: cuántas horas del año quedarían por encima de cada valor. Bajar de más no cuesta dinero, cuesta quedarte sin luz un domingo con la casa llena.
Lo he desarrollado con cuatro viviendas reales en el artículo sobre bajar la potencia contratada: salen cuatro respuestas distintas, y en una de ellas la correcta es no tocar nada.
2. Qué tarifa te conviene, incluidas las indexadas
Compara el catálogo de ofertas vigentes contra tu consumo real, hora a hora y periodo a periodo.
Con las tarifas indexadas hace algo que un comparador corriente no puede hacer: su precio no existe hasta que pasa la hora, porque sigue al mercado mayorista. Lo habitual es poner un precio «orientativo» y compararlo como si fuera fijo, que no es una simulación sino una suposición. Aquí se cruza tu curva con lo que costó cada hora de verdad.
El resultado depende de a qué hora vives. Una casa con coche eléctrico que carga de madrugada paga la luz un 24 % más barata que un piso normal con exactamente el mismo contrato firmado. Y aun así, con los precios de los últimos doce meses, a esa casa la indexada y la mejor tarifa fija le salían casi iguales, mientras que al piso normal la indexada le costaba más de cien euros al año.
Dos detalles que incorporé y que no he visto en otros sitios. Primero: cuando una comercializadora no publica su margen sobre el mercado, la tarifa aparece marcada o no aparece directamente, porque lo que ves es un mínimo y no el precio final. Sin ese aviso, quien más oculta sale primero en el ranking. Y segundo: el orden importa. Si bajas la potencia puede cambiar qué tarifa te conviene, porque una oferta con potencia cara y energía barata deja de compensar con menos kilovatios. Primero se ajusta la potencia, después se elige tarifa.
3. Cuántas placas poner, y cuántas no
Esta es la parte más completa, porque es la pregunta más cara de responder mal.
Calcula la producción de tu tejado con PVGIS —la herramienta de referencia de la Comisión Europea y la que usan la mayor parte de los programas de cálculo— y la cruza con tu consumo hora a hora: cuánto aprovecharías de verdad y cuánto verterías, que depende de si estás en casa cuando hay sol, no de la media.
Con eso no te da un tamaño: te da la curva entera. Para cada tamaño de instalación estima la inversión —con precios reales de equipos, estructura, protecciones, mano de obra y legalización, no un tanto alzado por kilovatio— y calcula su tiempo de amortización con la tarifa que mejor te compense los excedentes, que no siempre es la más barata en energía. El resultado es el tamaño óptimo: el punto donde cada euro invertido vuelve más rápido. Por encima de ese punto puedes seguir añadiendo paneles, pero cada panel extra se amortiza peor que el anterior.
Ese óptimo casi nunca coincide con lo que cabe en el tejado, y ahí está la trampa que más veces he tenido que explicar. La compensación de excedentes tiene un tope legal: lo que te descuentan no puede superar el importe de energía de esa misma casa en ese mismo periodo. Cuanto más generas, menos compras a la red, y menos te pueden descontar.
En un chalet real con datos de un año completo, la cuenta sale así:
| Instalación | Vierte al año | Le descuentan | Regala |
|---|---|---|---|
| 6,5 kWp | 462 € | 325 € | 137 € |
| 12 kWp | 1.023 € | 322 € | 701 € |
| 20 kWp | 1.851 € | 310 € | 1.541 € |
Triplica la instalación, vierte cuatro veces más y le descuentan lo mismo. Por eso las placas se dimensionan contra el consumo de la casa y no contra los metros de tejado, y por eso «aprovechar todo el tejado» suele ser el margen del instalador y no tu ahorro.
Hay una salida, y es la parte que más me gusta: si tienes más de un contrato a tu nombre, el sobrante puede aplicarse a la factura de las otras casas. Con un suministro delante la respuesta correcta es «no amplíes»; con cuatro, la cuenta cambia por completo. La plataforma lo calcula sobre el conjunto, no sobre una vivienda suelta.
4. Y si vas a pedir presupuestos
Genera una medición: todas las partidas de la instalación con sus cantidades y sin precios. Se la mandas a tres instaladoras y cada una rellena su columna.
Si pides tres presupuestos sin eso, te llegan tres alcances distintos —una incluye la legalización y otra no, una monta ocho paneles y otra seis— y no puedes compararlos. No vendo instalaciones: te doy el documento para que las ofertas sean comparables entre sí.
Si tienes varios suministros
Es el caso menos frecuente y el peor atendido. Si tienes el piso, la casa del pueblo y el local, la plataforma calcula las dos cifras que nadie te da: lo que cuesta cada suministro con la tarifa que le conviene por separado, y lo que costaría ponerlos todos con la misma compañía.
En el caso que usé de ejemplo, con cuatro suministros, unificar costaba más de doscientos euros al año con las tarifas ya optimizadas. Esa diferencia es lo que pagas por tener una sola factura. Puede compensarte o no, pero con el número delante decides tú.
Lo que no hace
No cobro comisión de ninguna comercializadora. Ni por mostrarlas, ni por los cambios de contrato. No tengo relación comercial con ninguna, y es lo que me permite decirte que una oferta es mala cuando lo es, y también que la tuya es buena, que es lo que nadie te dice gratis. Esto no es una postura de marketing: es estructural, y es la razón de que exista AINICIA.
No vende instalaciones ni las intermedia.
No inventa datos. Si falta tu consumo, lo dice. Si una comercializadora no publica su margen, lo dice. Si el cálculo de las placas depende de algo que solo se ve subiendo al tejado, lo dice y te da el documento para que lo verifique el instalador. Y no muestra tarifas cuya potencia no ha podido confirmar contra la fuente: por eso el catálogo tiene las que tiene y no todas las que circulan. A cambio, las que están, están comprobadas. Conviene saber además que el comparador oficial de la CNMC va por detrás: las comercializadoras disponen de un plazo para subir sus ofertas, así que lo que ves allí no siempre es lo que hay hoy en su web.
No es para empresas. Si tu suministro es 3.0TD o 6.1TD, el problema es otro: seis periodos con potencias obligatoriamente crecientes, excesos que se facturan en vez de cortar, y fórmulas distintas según el tipo de contador. El problema es mucho más complejo y lo resolvemos con un programa de optimización multivariable; eso es mi trabajo, no una web.
Una cosa más, por transparencia
Lo único que me cuesta dinero de verdad es leer las facturas automáticamente: cada una pasa por un servicio que pago yo. Cargué un saldo para probar y algún día se acabará. Cuando pase, lo diré y ya veré qué hago. Mientras tanto, funciona.
Si lo pruebas, cuéntame qué te ha salido: el ahorro, o el «no toques nada, estás bien». Los números de usuarios reales valen más que los míos, y si algo no cuadra, saberlo también me sirve.
Y si eres el ingeniero de tu familia, ya sabes qué reenviar la próxima vez que te llegue una factura en foto.